COMMODORE 64: LOS CUATRO JINETES
ORIGINAL, MINI, MAXI Y ULTIMATE — ¿CUÁL SE LLEVA EL GATO AL AGUA?
Mi madre tiró el Commodore 64. Lo tiró. Sin avisar, sin consultar, sin el menor atisbo de remordimiento. Un día estaba ahí, en su sitio de siempre, con sus juegos, sus cintas, su casete grabadora al lado y su cable de televisión perfectamente enrollado. Y al día siguiente había en su lugar una planta. Una planta.
Cuando me enteré, sentí algo que solo puedo describir como el corazón saliendo del cuerpo a cámara lenta y estrellándose contra el suelo. Ella dice que lo llevó a no sé qué punto de recogida. Yo pienso que en algún lugar del universo existe una dimensión paralela donde ese C64 sigue funcionando y alguien está jugando al Impossible Mission en este preciso momento. Me da consuelo pensarlo.
Cuento esto porque lo que vino después me parece casi un milagro. Resulta que el mundo, sin pedirle permiso a mi madre, decidió que el Commodore 64 no iba a morir. Y no solo eso: decidió que merecía volver. Y después de volver, decidió que merecía volver mejor. Y ahora en 2026 tenemos cuatro opciones encima de la mesa —el original, dos reencarnaciones modernas y una obra de ingeniería que haría llorar de emoción a Jack Tramiel—, y hay que hablar de ellas. Así que aquí estamos.
El auténtico. El de verdad. El que tenías en tu habitación y al que tu madre un día decidió dar una muerte silenciosa y sin funeral. El Commodore 64 original llegó en 1982, costaba 595 dólares (que hoy serían unos 2.000 euros, por si alguien tiene dudas sobre si nuestros padres nos querían), y fue el ordenador doméstico más vendido de la historia: más de 12 millones de unidades.
Hoy encontrarlo en segunda mano es una aventura. Los hay desde 40 euros (que normalmente significa "tiene algo roto que no te he contado") hasta 200 o más si viene con caja y accesorios. El problema real no es el precio: es que llevan más de treinta años en este mundo y los condensadores tienen sus propios planes de jubilación. El chip SID se está volviendo más escaso y caro que el azafrán. Y la fuente de alimentación original es una bomba de relojería que puede llevarse por delante la placa si revienta, cosa que hacen con entusiasmo.
¿Y aun así merece la pena? Sí. Porque es el real. Porque el SID suena diferente —mejor— que cualquier emulación. Porque conectarlo a un monitor CRT y cargar un juego en cinta es una experiencia que no tiene equivalente digital. Y porque cuando funciona, funciona de una manera que ninguna réplica moderna ha podido replicar del todo.
2018. La empresa Retro Games Ltd. aparece con una caja que parece un Commodore 64 pero encogido en la lavadora, al 50% del tamaño real. Salida HDMI, 64 juegos incluidos, un joystick, y un precio de lanzamiento de unos 80 euros. El mundillo retro español lleva años sin noticias del C64 y aquello se recibe como agua de mayo.
Y entonces lo abres. Y ves el teclado. Y el teclado no hace nada. Las teclas están ahí, pintadas, decorativas, como la sonrisa de un político en campaña. No se pulsan. No funcionan. Son un atrezzo. Un insulto con retroiluminación. Para escribir en BASIC necesitas conectar un teclado USB externo, que no viene incluido, en uno de los dos únicos puertos USB que tiene el aparato. Si ya tienes el joystick enchufado en el otro, toca elegir.
Dicho esto, y siendo justos: para lo que prometía —enchufar, dar al botón y jugar— cumplía. El emulador VICE funciona bien, los juegos incluidos son una selección decente, puedes cargar juegos propios desde USB, y hay save states. En 2025 salió incluso una Black Edition rediseñada con 25 juegos nuevos del mundillo homebrew, como un último guiño a quien todavía le tiene cariño.
Un año después, Retro Games vuelve a la carga con el hermano mayor. Tamaño real, teclado funcional de verdad —las teclas se pulsan, producen letras, hacen lo que se supone que tienen que hacer— y tres modos de arranque: C64 BASIC, VIC-20 BASIC (porque Jack Tramiel merece ese homenaje) y el carrusel de 64 juegos. Precio de lanzamiento: 120 euros.
Este sí que se siente como algo. Lo pones en la mesa, lo miras, y tiene la silueta correcta. El tamaño correcto. El color correcto. Si cierras los ojos un momento y luego los abres, casi puedes convencerte de que estás en 1987 y que en algún lugar suena el Maniacs of Noise. Casi.
Porque por dentro sigue siendo emulación por software. El mismo ARM, el mismo VICE con ropa nueva y teclado funcional. Lo que significa que la compatibilidad es muy buena pero no perfecta, que el SID suena bien pero no igual, y que hay demos de la escena que no corren exactamente como deberían. Para el 90% de los usos cotidianos esto no importa en absoluto. Para el 10% restante, ya sabéis quiénes sois, os pone nerviosos.
Y entonces llegó 2025 y alguien decidió que había que hacerlo bien de verdad. El Commodore 64 Ultimate es el primer C64 oficial en más de treinta años, y nació de una de las historias más curiosas del mundillo retro: un grupo de entusiastas que literalmente compró la marca Commodore, con Christian "Peri Fractic" Simpson —conocido youtuber retro— al frente, y rodeado de gente como Al Charpentier, el ingeniero original del C64, o Jeri Ellsworth, la creadora del famoso joystick-C64. Esto, señores, no es una empresa de marketing. Son frikis con poder.
Y el cacharro que han hecho lo nota. Por dentro no hay emulación por software: hay un chip FPGA AMD Artix-7 que recrea el hardware original ciclo a ciclo, transistor a transistor, como si fuera 1982 pero con garantías. La compatibilidad declarada es del 99% con juegos, cartuchos y periféricos originales. Puedes enchufar tus viejas cintas. Puedes conectar una unidad de disco original. Puedes usar un CRT si eres de los que guardan uno en el trastero. Y si no, HDMI para la tele moderna. Y Wi-Fi para descargar juegos. Y teclado mecánico real con switches Gateron. Y 128 MB de RAM. Y modo turbo a 48 MHz.
¿El precio? Desde 300 euros la versión beige estándar, hasta 500 la Founders Edition dorada que viene con medalla y todo. Es caro. Nadie dice que no sea caro. Pero comparado con lo que cuesta un C64 original en buen estado más una fuente nueva más una restauración de condensadores más un adaptador HDMI más terapia psicológica por el estado en que llegó... igual sale hasta bien de precio.
| ORIGINAL | MINI | MAXI | ULTIMATE | |
|---|---|---|---|---|
| AÑO | 1982 | 2018 | 2019 | 2025 |
| PRECIO APROX. | 40–200€ (2ªm) | ~60–80€ | ~100–120€ | desde 300€ |
| TECLADO FUNCIONAL | ✅ Sí | ❌ No | ✅ Sí | ✅ Mecánico |
| TECNOLOGÍA | Hardware real | Emulación | Emulación | FPGA |
| HDMI | ❌ (adaptador) | ✅ 720p | ✅ 720p | ✅ |
| CARTUCHOS ORIG. | ✅ Sí | ❌ No | ❌ No | ✅ Sí |
| DATASETTE / DISK | ✅ Sí | ❌ No | ❌ No | ✅ Sí |
| FIABILIDAD | ⚠️ 40 años | ✅ Alta | ✅ Alta | ✅ Alta |
| SID ORIGINAL | ✅ El auténtico | Emulado | Emulado | FPGA (muy fiel) |
| JUEGOS INCLUIDOS | Ninguno | 64 clásicos | 64 clásicos | 50+ licenciados |
Esta es la pregunta del millón. O de los 300 euros, según el caso. Y la respuesta honesta es que depende de quién seas tú.
Si tienes ya un C64 original funcionando y en buen estado: no necesitas nada más. Cuídalo, ponle una fuente de alimentación moderna, y a vivir. Si no tienes uno y quieres el auténtico: prepárate para la aventura de segunda mano, para revisar condensadores y para aprender más de electrónica de lo que esperabas. No es para todo el mundo, pero quien lo hace no se arrepiente.
Si quieres algo que simplemente funcione sin dramas, enchufado a la tele moderna y con los hijos o la pareja mirando con curiosidad: el Maxi es la respuesta correcta. Teclado real, tamaño real, precio razonable, cero complicaciones. Es el que yo recomendaría a cualquiera que quiera revivir la época sin meterse en líos de hardware.
El Mini es para quien tiene poco espacio, poco presupuesto y principalmente quiere jugar —sin programar en BASIC, sin hacer nada raro, solo jugar. Con esas condiciones, cumple. Pero si vas a gastar 80 euros, igual merece la pena añadir 40 más y llevarte el Maxi.
Y el Ultimate... el Ultimate es para los que llevan treinta años con esa espinita clavada. Para los que saben exactamente por qué importa que sea FPGA y no emulación. Para los que quieren enchufar los cartuchos que han guardado en una caja durante décadas. Para los que están dispuestos a pagar lo que vale algo hecho con amor y con criterio. Es caro, sí. Pero es el primero en todos estos años que realmente hace justicia al legado.
ESTABA DE VACACIONES.
Cada uno tiene su razón de existir. Cada uno habla a un tipo distinto de nostálgico. Pero todos comparten algo: la idea de que lo que vivimos con ese ordenador entre 1982 y 1994 valía la pena recordar. Y revivir. Y, si hace falta, pagar por ello.
A mi madre, si algún día lee esto: te perdono. Pero solo porque el Ultimate existe.
READY.█