FERNANDO MARTÍN
EL ÍDOLO DEL REAL MADRID QUE VIVIÓ EN TU C64
► EL HOMBRE QUE HACÍA SOÑAR CON LA NBA
Corría 1987 y en España sólo había un deportista que te hacía pegar carteles en la habitación y soñar con la NBA: Fernando Martín Espina. El pívot del Real Madrid era nuestro embajador en la liga más importante del mundo, el primero en cruzar el Atlántico antes de que llegaran Pau, Ricky o Marc. Había jugado en los Portland Trail Blazers y había vuelto como un héroe. Era intocable, era legendario, era el tío que aparecía en las noticias deportivas y en el patio del colegio todo el mundo sabía quién era.
Así que cuando Dinamic anunció que iba a meter a Fernando en un videojuego para C64, el resultado estaba garantizado antes incluso de cargar la cinta. No importaba demasiado si el juego era bueno o malo. Importaba que en la carátula ponía Fernando Martín, y eso en 1987 equivalía aproximadamente a tener un pedazo de leyenda en el estante de tu cuarto.
Fernando Martín Basket Master no era solo un juego de baloncesto. Era el carnet de identidad del basket español en los 80, pixelado y cargado en cassette. Antes de Michael Jordan, antes de la Generación de Oro... había Fernando, su número 10, y este juego.
► DINAMIC APUESTA POR UN ÍDOLO NACIONAL
La compañía madrileña llevaba años demostrando que en España también se podían hacer videojuegos de primera. Army Moves, Game Over, Freddy Hardest... Dinamic tenía el olfato. Y cuando el mercado del software español bullía de competencia, encontraron una fórmula nueva: licenciar a un deportista real. No un personaje de ficción, no un héroe inventado. Un tipo de carne y hueso que los chavales conocían de verle en el Palacio de los Deportes o en el telediario.
El resultado fue una carátula que lo decía todo: Fernando en plena acción, uniforme azul, rodeado de estrellas, con el logo de Dinamic bien visible. No necesitabas leer nada más. Era él. Y eso vendía.
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► UNA PRODUCCIÓN CON SELLO BRITÁNICO
Aquí viene el detalle que los fans del C64 reconocerán al instante: aunque Dinamic era española hasta la médula, la versión de Commodore 64 fue desarrollada por un equipo británico externo. Gary Biasillo se encargó del código y Andrew Sleigh de los gráficos. Pero el nombre que de verdad hace levantar las cejas es el del compositor: Jonathan Dunn.
Jonathan Dunn. El mismo que firmó la banda sonora del RoboCop, del Jungle Book, del Predator en C64. Uno de los compositores más prolíficos y talentosos de toda la era de los 8 bits, con un dominio del chip SID que pocas veces se ha igualado. Que Dinamic contratara a alguien de ese calibre para un juego de baloncesto español habla muy alto de las ambiciones que tenía la compañía en aquellos años de gloria.
Jonathan Dunn fue uno de los compositores más activos del C64 en la segunda mitad de los 80. Con más de 200 bandas sonoras en su catálogo para la plataforma, su estilo se caracterizaba por melodías energéticas con capas bien diferenciadas que aprovechaban al máximo las tres voces del chip SID. Trabajar con Dinamic en Basket Master fue una de las pocas incursiones del compositor en el software español, lo que convierte la música de este juego en una rareza valiosa dentro de su discografía.
► LO QUE VES EN PANTALLA
La pantalla de presentación muestra una caricatura de Fernando haciendo equilibrios con el balón en la punta del dedo —sprite en blanco y negro, proporciones exageradas, perfectamente reconocible—. El menú llega sobre un fondo azul C64 inconfundible: "BASKET MASTER" en letras enormes, las opciones de 1 o 2 jugadores, nivel NBA, y la posibilidad de cambiar los nombres de los equipos. También ahí, en los créditos de pantalla, aparecen los nombres de Biasillo, Sleigh y Dunn.
La vista de juego es isométrica desde arriba, con dos jugadores en pantalla —uno de cada equipo— en una cancha bien definida con ambas canastas visibles. La parte inferior acoge el marcador, con "F. MARTIN" y el nombre del rival perfectamente legibles. Las gradas muestran una multitud de espectadores con pixel art repetido, pero en 1987 eso era más que suficiente para meterte en el partido. Tenías la sensación de estar en una cancha de verdad, no en un gimnasio vacío.
► JUGABILIDAD: SENCILLA, ADICTIVA, IMPERFECTA
Basket Master no pretende simular un partido completo al estilo de lo que décadas después sería el NBA 2K. Aquí manejas a un jugador y el objetivo es anotar más que tu rival en el tiempo asignado. El nivel NBA sube la presión; el modo 2 jugadores convierte cada partido en una guerra de nervios en el sofá. Simple, directo, y con ese punto de frustración honesta que tenían los mejores juegos de Dinamic: no es el juego el que falla, eres tú el que tiene que mejorar.
El control es funcional aunque algo impreciso para los estándares actuales. Los tiros tienen su punto de habilidad, los robos requieren timing, y los contraataques pueden resolverse en décimas de segundo. No es lo más fluido que vas a jugar, pero con un amigo al lado y las apuestas suficientemente altas, Basket Master se volvía un juego totalmente distinto. El modo 2 jugadores era, con diferencia, donde brillaba de verdad.
► SONIDO: EL CHIP SID EN PLENA FORMA
Si hay algo en lo que Fernando Martín Basket Master destaca por encima de la media del software deportivo español de la época, es en el apartado sonoro. Jonathan Dunn exprimió el chip SID de una forma que los demás juegos de baloncesto del momento ni rozaban. La melodía del menú tiene esa energía característica de las composiciones de Dunn: rítmica, con capas bien diferenciadas, y con ese "algo" que solo el SID puede dar y que ningún sistema de la época replicaba igual.
Escuchar la música del menú era casi más emocionante que jugar el partido. Jonathan Dunn sabía muy bien cómo hacerte sentir que estabas a punto de saltar a la pista del Palacio de los Deportes. Pulsa "REPRODUCIR" arriba para comprobarlo.
► EL PESO DE UN NOMBRE EN PANTALLA
Para entender por qué este juego significa tanto hay que recordar el contexto. En noviembre de 1989, Fernando Martín murió en un accidente de tráfico con tan solo 26 años. El mundo del deporte español perdió a uno de sus grandes ídolos en el momento más brillante de su carrera. Y el juego se convirtió, sin pretenderlo, en un monumento digital a un héroe truncado.
Cada vez que cargabas Basket Master después de esa fecha, el peso de ese nombre en el marcador era diferente. Ya no era solo un juego de baloncesto. Era una manera de seguir viéndole jugar, aunque fuera en píxeles y con la música del chip SID. Esa carga emocional es algo que ningún análisis técnico puede cuantificar, pero que cualquiera que vivió aquella época entiende perfectamente en cuanto ve el "F. MARTIN" en pantalla.
► ¿AGUANTA EL TIPO HOY?
Con los ojos de 2026, Basket Master es un juego limitado. El control es tosco, las opciones son escasas, y títulos de baloncesto del mismo año —el One on One de EA, por ejemplo— lo superan técnicamente. Pero eso es exactamente lo que lo hace interesante como pieza histórica. No lo juzgues como un juego de baloncesto. Juzgalo como lo que es: un documento cultural de la España de los 80, cuando una empresa de Madrid decidió que sus ídolos merecían estar en el software tanto como en las camisetas.
Cuando cargas la ROM hoy en el emulador y ves ese "F. MARTIN" en el marcador, estás viendo un trozo de historia que muy poca gente fuera de España entiende en su contexto real. Eso vale más que cualquier puntuación.
Fernando Martín Basket Master vale más por lo que representa que por lo que ofrece mecánicamente. Dinamic apostó por un ídolo nacional, contrató a un equipo de desarrollo sólido con Jonathan Dunn a los mandos del SID, y el resultado fue un título que toda una generación de chavales españoles cargó en sus C64 con emoción genuina. Incompleto como simulación, irrepetible como experiencia cultural. Una rareza que merece su lugar en cualquier colección retro española que se precie.
LO MEJOR
+ Música SID de Jonathan Dunn, excepcional+ Valor histórico y cultural único
+ Modo 2 jugadores muy adictivo
+ Producción sólida para ser software español
+ El "F. MARTIN" en el marcador: emoción garantizada
LO PEOR
- Control algo impreciso y tosco- Contenido limitado para un juego deportivo
- La IA en 1 jugador no supone gran reto
- Sprites pequeños que dificultan la lectura